Estas precisiones no son letra chica: marcan hasta dónde llega nuestra propuesta y qué esperamos de cada visitante. Si algo no queda claro, conviene resolverlo antes de la excursión y no en pleno sendero.
Qué significa "observar"
Miramos, medimos, fotografiamos y anotamos. No se extraen fósiles, minerales ni fragmentos de roca, ni siquiera los que parecen sueltos al borde del camino. Lo que está en el terreno forma parte del registro geológico y se queda donde está.
Sitios frágiles y de valor científico
Algunos afloramientos, cuevas y superficies con estrías o huellas tienen interés para la investigación. Cuando el guía pide no pisar, no tocar o mantener distancia, no es una sugerencia estética: se protege información que no se recupera.
Senderos, residuos y fauna
Caminamos por senderos señalizados y nos llevamos todo lo que trajimos, incluidos restos de comida. No se alimenta a la fauna local ni se persigue para conseguir una foto. Bajar el volumen también ayuda: el ruido altera a los animales y a otras personas.
Seguridad y evaluación del terreno
La montaña se evalúa cada día: clima, viento, estado del suelo y condición física del grupo. Si el terreno no está en condiciones, se cambia el recorrido o se suspende. No prometemos ascensos ni experiencias de riesgo fuera de protocolo.
Comunidades locales
Varias rutas atraviesan tierras de uso comunitario o zonas con valor cultural. Pedimos permiso, respetamos las indicaciones de los pobladores y no ingresamos a sitios sensibles aunque el acceso parezca libre.
Alcance de la propuesta
Hacemos interpretación geológica accesible y caminatas guiadas. No realizamos actividades que banalicen el entorno andino, no organizamos expediciones de riesgo sin supervisión y no garantizamos avistajes ni fenómenos naturales: la cordillera tiene sus propios tiempos.